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Guardiola

Me gusta mucho el poema If de Kipling. Leído por Michael Caine es sencillamente espectacular. No sé dónde vi que era el poema favorito de Aznar, lo cual me jode bastante. El caso es que Guardiola siempre me recordó estos versos de ese poema:

Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores

Incluso en la época más triunfal de sus cuatro años entrenando al Barça, el tío mantenía esa actitud de no creérselo demasiado, que ya vendrán tiempos peores, y lo mismo (y los mismos) que hoy te alaban, mañana te lapidan.

Pero mientras duró, así nos hizo sentir Pep, como los amos del mundo. Viva la vida.

Escucho una canción de Nacho Vegas donde dice algo así como “te busqué desde La Lloca hasta El Musel”, que viene a ser de una punta a otra de Gijón: La Lloca [del Rinconín] es la estatua de La Madre del Emigrante (a un extremo del paseo marítimo)  y El Musel es el puerto industrial. Los de provincias estamos más acostumbrados a oír en obras artísticas referencias a lugares de Madrid o Barcelona (que también es provincias, pero menos) y por eso nos choca cuando se utilizan referencias de nuestra ciudad, como si estuvieran fuera de lugar.

Y al hilo de esto, me acuerdo de una entrevista que le hicieron a Santiago Auserón en Asuntos Propios sobre su último disco, Río negro.  Comentaban que es extraño que un disco influido por el sonido de Nueva Orleans tenga una canción dedicada a Malasaña. Decían que, con un poco de suerte, esa canción serviría para que Malasaña se convirtiera en un referente exótico, con capacidad de evocar, para gente de otros países, como lo son para nosotros Tenessee o Austin. Pues igual que Malasaña, La Lloca y El Musel.

Veo en Rolling Stone una entrevista a Cohen de 1973. La foto me produce una sensación muy extraña: ahí tiene dos años más que yo ahora (36 por 34). Se lo reconoce bien, resulta suficientemente familiar, y sin embargo, qué extraño que la figura que ha ido bailando hasta los confines del amor, que ha vivido todo y más, gurú de lo carnal y lo espiritual (y el orden sí altera la suma), tenga un rostro solo dos años mayor que el mío. Tanto impresiona la foto que el texto solo merece un resumen (cito de memoria): a los 36 Cohen había publicado una novela, cuatro volúmenes de poemas e iba por el tercer disco (New Skin for the Old Ceremony). Se cambió de la literatura a la música para poder comer, dijo.

 

Cohen a sus 36

Cohen a sus 36

Ayer busqué el autor del poema Invictus. Un compañero de la oficina decía que era de Mandela. Yo sabía que Mandela lo tenía en su celda para darse ánimos, pero que no era suyo. Al contrario de lo que sucede en la película, este no es el texto que Mandela dio a Pienaar, capitán de la selección sudafricana de rugby, para motivarlos antes del mundial. En realidad, les dio un discurso de Roosevelt.

Volviendo a Invictus, inicialmente no tenía título, solo unas iniciales. El autor, William Ernest Henley, sufrió la amputación de una pierna por tuberculosis e inspiró a Stevenson el personaje de John Silver El Largo.

Cohen utilizaba algunos versos como introducción de The Darkness

El dueño de mi destino, el capitán de mi alma. Abajo el texto completo, seguido de una traduccion.

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

***************
A través de la noche que me cubre,
negra como un pozo, de un extremo al otro,
doy gracias a los dioses que hubiere
por mi espíritu irreductible.
 

Aun atenazado por mis circunstancias
No grité ni hice gestos de dolor.
Bajo el azote de la fortuna
Mi cabeza sangra, pero no se agacha.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Sólo se yergue el Horror de la sombra.
Y sin embargo, ante la amenaza de los años
ni tiemblo ni temblaré.

Da igual lo angosta que sea la puerta,
O las penas con que carguen la sentencia,
Soy el dueño de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

Los ojos vendados

Me entero viendo Loquillo: leyenda urbana de que el vídeo de Los ojos vendados se refiere a una historia real: un amigo suyo vasco fue detenido y torturado siendo inocente. Al año siguiente se destapó lo de los GAL. El vídeo, hecho en colaboración con Amnistía Internacional, es sobrecogedor. La interpretación de Loquillo (la expresión del rostro, los gestos, la voz) y el juego con la iluminación me parecen notables.

Lo que me asusta, es que me recuerda a la escena final de Algunos hombres buenos. Cuando vi esa escena por primera vez, me emocionó Tom Cruise hostigando a Jack Nicholson hasta que confiesa. “¿Ordenó usted el código rojo?”. Era la frase que más me emocionaba de toda esa escena. Con los años, sin embargo, cada vez simpatizo más (sin llegar a tomar partido por él) con el monstruo que es el personaje de Nicholson sostiene que su existencia, aunque grotesca, es necesaria para darnos un manto de libertad. Y lo peor es que algo de cierto hay en esa afirmación.


Iba yo todo místico por la calle, pensando en la mezcla de corte y orgullo que me da ir por la calle con un ramo de flores. Corte porque la gente te mira, algunos te hacen bromas (“¿Son para mí?”), y orgullo porque parece que llevaras la espada de fuego del arcángel San Gabriel, la antorcha olímpica o que fueras Miguel Bosé en la portada de Por vos muero.

portada de por vos muero, de Miguel Bosé

Por vos muero

El caso es que recién llego a la floristería, me encuentro una charcutería al lado. Y pensé: “¿Y si mejor le llevo caña de lomo y queso curado?”.

floristería al lado de la charcutería

Creo que acerté con las flores.

foto de flores

flores en vez de caña de lomo

¿Y no me ha dicho nada?

El otro día quedé para tomar una cerveza con mi amigo Alberto. Su proyecto fin de carrera para Arquitectura es una residencia de 3a edad.

Me comenta que los viejos son como niños. Le digo que sí, pero menos graciosos. Para demostrarme que estoy equivocado, me cuenta que su abuela, al recibir la noticia de que su marido había muerto, respondió: “¿Y no me ha dicho nada?”.